Activa tus semillas y dales superpoderes

La activación de semillas no es algo que estemos muy acostumbrados a oír. Sin embargo, este proceso es fundamental para sacarles el máximo de nutrientes y que nos sean más fáciles de digerir.

“La comida es un arma. Cuando controlas la semilla, controlas la vida en la tierra”.

Vandana Shiva (Activista, Física cuántica, creadora de la Fundación “The seed”)

En este artículo te contaremos en detalle de que trata la activación de semillas y lo pondremos en práctica en nuestro próximo curso de cocina.

El proceso de activar las semillas las convierte en verdaderos superalimentos,  por cómo se potencian sus cualidades energéticas y nutritivas. Ya verás que es algo muy sencillo y que podrás hacer tu mism@ en nuestro taller de cocina del miércoles 30 de marzo.

Las semillas, un concepto mucho más amplio de lo que pensamos

La semilla es el grano que produce una planta, que tiene la capacidad de convertirse en una nueva planta de la misma especie.

Las semillas no son sólo aquellas que comúnmente llamamos semillas, como las pipas de girasol, de lino, de calabaza, etc. Sino también los granos, cereales, frutos secos (como almendras o nueces) y legumbres que generalmente cocinamos, como el arroz, garbanzos, lentejas, etc.

¿Por qué activar las semillas?

La activación de semillas es muy importante.

Ya que en una planta, las semillas son la posibilidad de perpetuar la especie, por lo que son muy valiosas.

Por eso cuentan con su propio sistema de protección constituido por:

  • Una serie de tóxicos (variables según el tipo de semilla) para evitar que los animales se la coman.
  • Inhibidores enzimáticos, que mantienen la semilla «en hibernación» hasta que llegue su hora de convertirse en una nueva planta.

Los tóxicos no están en cantidad suficiente para que te maten de una sentada, pero si las tomas de forma constante, estás introduciendo una cantidad variable de tóxicos que podrías evitar fácilmente.

Los inhibidores enzimáticos van a hacer que te cueste más digerir esa semilla, y puedas tener problemas de digestión y pesadez, sobretodo al mezclarla con otros alimentos.

De ahí viene la importancia de la activación de semillas.

¿Qué significa activar las semillas?

Con la activación de semillas conseguimos que se eliminen los tóxicos de protección de esta, que liberen los inhibidores enzimáticos y permitir que comience el poder enzimático de la semilla.

La semilla que está en letargo esperará hasta encontrar las condiciones adecuadas para desarrollarse y crecer como una nueva planta. Cuando las ponemos en remojo con agua, la semilla encuentra las condiciones que necesita y comienza su proceso de germinación.

La primera parte de este proceso de germinación es la activación de la semilla que consta de 3 fases :

  1. Desprenderse de los tóxicos.
  2. Liberar los inhibidores enzimáticos.
  3. Comenzar a liberar todo un arsenal de enzimas para fabricar la nueva planta, lo que va a ayudarnos a digerir la semilla, y a potenciar el poder nutricional de la misma.

¿Cómo se activan las semillas?

La activación de semillas es superfácil. Simplemente tienes que ponerlas en remojo. Te explico paso a paso:

  1. Poner las semillas en remojo con agua (que las cubra bien, ya que se van a hinchar un poco, según la semilla) durante 6-8 horas. Este tiempo suele ser genérico, aunque para las semillas pequeñas puede ser suficiente con 2 o 4 horas.
  2. Escurrir las semillas y enjuagarlas bien con agua limpia. Ten en cuenta que en el agua del remojo se habrán quedado esas sustancias que no queremos ingerir.

Y ya está. Ahora ya puedes tomar tus semillas, sin tóxicos y con un valor nutricional muy superior a la semilla no activada.


Así que ya sabes, activa las semillas. Es un proceso que no te llevará más de 2 minutos (entre que las pones en remojo, las escurres y enjuagas), y que te traerá muchos beneficios para ese hermoso templo que es tu cuerpo.

¿Qué hacer con las semillas activadas?

Después de la activación de semillas se puede:

1- Se pueden comer así tal cual, aunque ten en cuenta que al estar húmedas tendrás que guardarlas en la nevera si quieres conservarlas.

2- Preparar una leche vegetal, un paté, etc.

3- Cocinarlas: Aunque ya sabes que con el calor perderán parte de su valor nutritivo.

4- Deshidratarlas: Lo ideal y más aconsejable es con una deshidratadora, pero puedes hacerlo en el horno con la puerta entreabierta. Aunque ya te digo que no es una solución muy sostenible porque necesita bastantes horas para quitar toda la humedad, y el horno consume mucha energía.

5- Germinarlas: Adoro esta opción para tomar en ensalada o como complemento o topping de un plato o bocata.

Como hacer germinados en casa

Después de la activación de semillas, hacer germinados en casa es muy fácil, con o sin germinadora. Si nos organizamos bien, seguimos ciertas reglas y les dedicamos 5 minutos por la mañana y 5 minutos por la noche, tendremos los mejores y más sabrosos suplementos naturales que existen en forma de una variada selección de germinados que complementarán nuestra dieta durante todo el año.

Podemos ir probando varios sistemas para encontrar el que más nos guste, pero para empezar y sin necesidad de invertir en costosos aparatos, una forma eficiente y segura de germinar es con un bote de cristal. 

Podremos reutilizar cualquier tarro de cristal de boca ancha de nuestra cocina y para proteger los germinados usar la misma tapa muy agujereada o un trozo de tela de mosquitera.

Es mejor utilizar un bote de al menos medio litro y empezar germinando poca cantidad hasta que nos familiaricemos con las proporciones ya que, en cuanto las semillas empiecen a germinar y expandirse, van a necesitar mucho espacio.

También es importante que el bote tenga una boca muy ancha ya que va a convertirse en una tarea titánica sacar los brotes sin romperlos.

Todo el proceso se puede resumir en cuatro pasos muy fáciles:



Paso 1: Dejarlas en remojo

  1. Este primer paso es importante y no debemos saltárnoslo o acortarlo ya que al hidratar bien las semillas o los granos, logramos que se ablande su capa exterior y que le cueste menos romperla cuando intente germinar.
  2. No existen unos tiempos de remojado exactos ya que la calidad y la edad de la semilla puede hacer oscilar en varias horas el tiempo de hidratación, pero es siempre mejor quedarse cortos que pasarse ya que un contacto prolongado con el agua puede hacer que la semilla se pudra.
  3. El agua del remojado deberá estar tibia y a ser posible filtrada para asegurarnos que esté libre de metales pesados. Usaremos agua caliente en el caso de las legumbres con una piel más dura como la soja verde o la azuki.
  4. Para un tarro de un litro, dejaremos unas tres cucharadas de la misma variedad de semillas remojando en al menos 3 veces su contenido en agua, y las removeremos bien dentro del agua para que no se peguen entre sí.
  5. Todas las semillas que floten al final del tiempo estimado de remojado deberemos quitarlas con un colador pequeño, es decir, las semillas que no germinen. Ya que tienen un alto contenido de antinutrientes y pueden crear mohos y levaduras en el proceso de germinación. Ciertas semillas con gran cantidad de mucílagos como la chía, el lino, el amaranto o los berros no necesitarán remojado

Paso 2: La preparación

  1. Pasado el tiempo de remojado, colamos las semillas y las enjuagamos.
  2. Colocamos las semillas dentro del tarro de boca ancha, que habremos lavado previamente con un poco de agua pH 2.5 o de vinagre.
  3. La mejor tapa posible para nuestro tarro y una que no nos va a dar mucho trabajo de fabricar sería un cuadrado de mosquitera plástica que cortaremos en función del ancho del tarro y sujetaremos con una banda elástica.
  4. Este tipo de “tapa” además de permitir que entre el aire sin problema nos servirá de colador cada vez que enjuaguemos las semillas y es reutilizable.
  5. Cuando las hayamos escurrido dejaremos el bote inclinado con la obertura hacia abajo sobre una bandejita para que termine de escurrir el agua restante.

Paso 3: El cuidado

  1. Esta es la parte más fácil y también la más delicada. Fácil porque todo el trabajo lo van a hacer las semillas, pero delicada porque si nos pasamos con el agua o las colocamos en el lugar con poca ventilación o a una temperatura inadecuada terminarán desarrollando mohos indeseables y deberemos tirarlas.
  2. Hay que buscarles un espacio en nuestra cocina, despensa o salón donde tengan una temperatura suave y constante que ronde los 20º C y resguardar el bote de la luz hasta que empiecen a brotar.
  3. Para asegurarnos de darles a las semillas el agua justa, sólo hay que enjuagar los brotes cada 8-12 horas y retirarles todo el exceso de agua agitando bien. Esto lo podemos hacer sin necesidad de quitar la tapa agujereada o de mosquitera.
  4. Si hacemos brotes en verano y hace más calor dentro de casa, debemos enjuagar los brotes más a menudo.
  5. En el momento que los brotes tengan al menos 2 centímetros, algo que puede tardar entre 1 o 5 días, ya podemos exponerlos a la luz solar pero siempre indirecta.
  6. En este punto del proceso bastaría con vaporizar las semillas una vez al día (preferible con agua filtrada alcalina para minimizar su exposición al agua). Si lo que germinamos son semillas de las aliáceas (ajo, cebolla o puerro) deberemos armarnos de paciencia, ya que pueden tardar en empezar a germinar más de una semana y estar listas en dos.

Paso 4: La conservación

  1. Cuando los brotes hayan germinado totalmente y tengan sus hojitas, los sacaremos del tarro y los guardaremos en la nevera.
  2. Un truco para que los germinados nos duren más tiempo y no se nos pudran por la humedad residual de la base, es meterlos en un recipiente hermético muy limpio con dos o tres capas de papel de cocina en el fondo (tambien se puede usar un paño fino de algodón). De esa forma el papel o la tela recogerán la condensación que vaya hacia el fondo.Bien guardados los germinados nos pueden durar sin estropearse o perder muchas propiedades entre una y dos semanas, en función de la variedad.
  3. Es conveniente que el mismo día que estén listos los germinados y liberemos el tarro, vayamos empezando con el remojado del siguiente cultivo para tener asegurada la reserva de brotes de la semana siguiente.

Consejos y trucos para optimizar su uso

  • La calidad de las semillas es tan importante como el proceso de germinado y por eso debemos utilizar unas que sean biológicas y frescas (no usar aquellas que hayan sido tostadas, irradiadas o transgénicas).
  • No hay que confundir con moho la “pelusilla” blanca que se forma durante la germinación en la raíz de algunas semillas como las de la variedad de las brássicas.
  • Tratar siempre de comer los germinados crudos para aprovechar todas sus propiedades. Excepto en el caso de los brotes de legumbres, que se pueden escaldar o saltear uno o dos minutos para asegurarnos de inactivar sus antinutrientes y suavizar su sabor.
  • Los germinados deben comerse enteros, incluyendo las raíces y las hojas (se pueden retirar ciertos brotes y pieles en caso de que tengamos problemas digestivos).
  • Si no solemos comer legumbres porque tenemos problemas para digerirlas una solución es tomarlas siempre pre-germinadas. Ocho horas de remojo y un día de germinación bastarán para cambiarles la estructura y multiplicar sus propiedades. En este caso importa menos que pierdan nutrientes en la cocción porque se compensa con los que se ganan en la germinación y además eso es mejor que no comerlas.
  • Los brotes de sésamo se vuelven amargos si se dejan más de 48 horas germinando.
  • Las semillas más picantes como la mostaza, los rábanos o los berros podemos combinarlas con otras de igual tiempo de germinación en una proporción 20-80 para que le den más sabor a los otros germinados y además protejan de los mohos a las otras semillas con sus poderosas cualidades bactericidas.

Fuentes: Viviendo consciente de Noemi Rodriguez. Viviendoconsciente y Laura Cohan @thefoodtherapy

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